viernes, 29 de mayo de 2009

No puedo esperar hasta mañana !!! Ahi va el último capitulo de... LA MALDICIÓN !

Capítulo VI y último

Se supo que el Emperador volvió a China y conservó como uno de sus tesoros mas preciados esa vasija. De hecho formó una escuela de constructores de vasijas para que diseñaran nuevos modelos de vasijas pero siempre basándose en los conceptos artesanales y decorativos del modelo original. Del modelo de Ernest.
Liu Bang constituyó la mas grande colección de vasijas. El orgullo de su Imperio y de su Dinastía. Varias Dinastías se fueron sucediendo en el dominio del Gigante Asiático y siempre conservaron, en el mas absoluto secreto, las vasijas de Liu Bang, las vasijas de Ernest. Hasta que mil trescientos años después de la dinastía Han, el secreto se develó. Una dinastía que había tomado el poder imperial rompería ese pacto implícito, ese pacto tácito y daría a conocer al mundo “su” colección de vasijas. Esta fue la dinastía Ming. Durante años se consideraron las mas grandes obras construidas por el hombre y le propinaron a esta dinastía fortunas incalculables, incluso mas grandes que las recibidas por el comercio del opio.
Gracias a este relato quedó develado el verdadero origen de las preciadas vasijas. La dinastía Ming hurtó el prestigio. Prestigio todo de Ernest, el artesano de Belén.

Pero aquí no terminan los acontecimientos relacionados con el artesano maldito de Belén. Casi dos milenios luego de aquel fatídico acontecimiento, las repercusiones siguieron vigentes. El caso mas resonante fue el de José Ortiga. Un español de 24 años, que vivió en Madrid hacia el año 1880. Se casó con una bella dama, Dolores Gasset, de 23 años. Dolores era profesora de historia e investigando un día sobre la cultura china, descubrió el gran engaño de la dinastía Ming. Su sorpresa fue grande cuando descubrió el asunto de la maldición, y sobretodo cuando lo asoció con el nombre de su marido. Por lo que supuso que su marido estaba maldito.
Dolores, ya tenia ciertos rasgos paranoico/esquizofrénicos. Estos se acrecentaron al descubrir que la maldición podía afectar de sobremanera su vida. Un día, tuvo un brote esquizofrénico y cuando el marido llegó a la casa y se disponía a cenar, lo apuñaló por la espalda treinta y nueve veces. De esta forma acabó con el último vestigio de la maldición. Al menos esto era lo que ella creía... En su vientre llevaba doce semanas de gestación un hijo de José Ortiga. “Ese maldito apellido”, pensó. A los seis meses dio a luz a un niño de tres kilos doscientos gramos a quien llamó José, en memoria de su padre y a quien cambió el apellido, para que la maldición no se posara sobre él, además de agregarle el de ella para despistar aún mas a la maldita maldición. Años después, este bebé devenido en hombre, sería reconocido a nivel mundial gracias a sus ensayos filosóficos. Este fue el origen de José Ortega y Gasset.
He aquí una relación que ha estado oculta bajo la sombra del engaño y la miseria humana, José Ortega y Gasset es el legítimo heredero de la dinastía Ming. Devuélvanle lo que le pertenece. La fortuna de la Dinastía Ming le pertenece a los descendientes del filósofo español.

Interesante, no?

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