Esta historia transcurre en año cero de la era cristiana. A la medianoche del día 1 nacía en Belén alguien que haría virar el curso de la humanidad... Un poco mas lejos, en el Imperio Maya, en lo que hoy es Panamá, vivía Jaime. Alguien que seguramente en un futuro nos deleitará con sus historias. Por ahora no...
Capítulo I
Ese día en las cercanías de donde había nacido el hijo de María, vivía Ernest Ortiga, un artesano que se ganaba la vida vendiendo las vasijas que fabricaba en su taller. Estas servían para transportar agua y las utilizaban fundamentalmente para las largas travesías a las que se sometían, sobretodo, los comerciantes que venían de remotos lugares para intercambiar mercancías. Estas vasijas tenían la particularidad de conservar el agua potable por varios días, hecho que era fundamental para realizar los largos viajes. Ernest tenía una esposa, Clara, y dos hijos, Císfode y la bella Isabella.
Ernest había nacido en Belén cuarenta años atrás. Hijo de comerciantes, su niñez y juventud habían transcurrido al lomo de un camello viajando por todo el mundo. Desde lo que hoy es España hasta la mítica China y desde Rusia hasta el Sur de África. Innumerable cantidad de experiencias tenía de estos viajes. Pero al llegar a un punto de su vida, las ganas de viajar fueron perdiendo fuerza y las de asentarse en un lugar y tener su propia familia, ganándola. Quizás esta decisión se vio precipitada cuando un día viajando con su familia por el centro de África, una estampida de elefantes acabó con su padre, su madre y un hermano. Alfio, su otro hermano se había salvado de los elefantes, pero no de los leones que los perseguían. Todos murieron en el acto, salvo Ernest que escondido en unos arbustos veía como su familia desaparecía.
Asentado ya en la ciudad que lo vio nacer, Ernest se dedicó con completamente a la construcción de las vasijas. Gracias a esto, podía vivir cómodamente, sin lujos, pero si grandes pesares. Clara era maestra de historia, algo que no era muy difícil, ya que en ese entonces, no habían pasado muchos de los acontecimientos que hoy se estudian en historia. Císfode ayudaba a su padre en el taller y aprendía el oficio con el que algún día mantendría a su propia familia. La mas chica de la familia era Isabella. Una hermosa jovencita que repartía su día entre el estudio en la escuela de la ciudad por la mañana y el bordado de tapices y alfombras que vendía en el taller del padre. En esa época era común que las personas que iban a comprar vasijas, por unos dineros mas se llevaran el combo vasija / tapiz. Interesante.
(No te pierdas mañana la continuación de esta fascinante historia... bue, es lo que hay.)
lunes, 25 de mayo de 2009
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