Walter era un muchacho de 20 años que vivía en un pueblo llamado Cerezos al sur del país. Walter trabajaba en un parque que había sido montado en las afueras del pueblo. El parque era misterioso. No era muy concurrido. Esporádicamente alguno que otro desprevenido se acercaba hasta la puerta, pero nadie quería ingresar. La leyenda contaba que aquellos pocos que entraron, nunca habían logrado salir.
A Walter poco le importaba que no fueran visitantes. –Mejor!, pensaba. –Así tengo mas tiempo libre para mí. Ese tiempo libre que tenía lo utilizaba para descansar, ordenar sus cosas de oficina y sobre todo para practicar algo que necesitaba para poder desenvolverse en su vida: Braile. Braile? preguntarán… y si! Walter era completamente ciego de nacimiento.
Walter vivía solo, puesto que sus padres habían muerto, hacía ya muchos años, en un trágico accidente. Pese a estas aparentes limitaciones, se desenvolvía a la perfección.
Todos los días a las 6.30 de la mañana, caminaba 10 cuadras hasta la ruta donde tomaba el colectivo que lo llevaba hasta “el parque”.
No tenía compañeros de trabajo, puesto que ante la baja convocatoria del parque, con él bastaba para atender la cabina de información. Tenía una vida bastante solitaria.
MenteFrita SuperStar
martes, 30 de junio de 2009
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